martes, diciembre 14, 2004

Lolitas

Una vez que salió del embrujo, que ya no quería saber nada del seductor, una vez que decidió reconciliarse con su "grupo", todo ese tiempo anterior le parecía como un mal sueño, y quiso borrarlo pronto, la memoria selectiva que decía. Se quedó en el grupo, y su estilo, que por unos meses, un año o un poco más, se afinó para estar a la altura del esteta, se rebajó al del grupo, a ese conjunto de marujas con sus fotos fashion y sus frases endemoniadamente modernas, sus maneras de leonas y su humor de hienas. La niña, como le decían ya, saludó al mundo del que se había apartado. Su rostro se curó también, como por arte de magia. El cazador cazado había desaparecido del horizonte, y no podía volver, y si acaso tenía la osadía de llamar de nuevo a las puertas de terciopelo, entonces...

Pero un día, casi al azar, como ocurren estas cosas desde siempre, apareció el que le turbó el sueño y le hizo soñar con orgías a la luz de las velas. Ella seguía en el antro feliz, tomando un café tras otro, pastillas de dulce sabor, flores en el pelo. Él dijo que había sido una buena temporada, y que se acordaba de ella. Ella se mostró agresiva, casi cínica, y de hecho, en la escuela del café había aprendido mucho sobre ese ser duro en la vida. Como le pasa a Edwige con Skeets. Dejó que el relamido hablara, dejó unos minutos de recelo, que echara de nuevo la zarpa, para luego contraatacar diestramente. Lo amenazó con contarlo a sus amigos. ¿Qué amigos?, ella estaba siendo vengativa. De hecho, se alimentaba de venganzas, ya no quería chuparla, sino echar fuera todo el sinsabor que le había dejado. Expulsar la rabia en un orgasmo rojo de ira. Él se acordó, maldita sea la hora, de la habitación de aquel cutrehotel en donde pasaron unas horas, de cómo todo había desembocado en la debilidad de la carne, los cuerpos entregados a la lujuria patética de una adolescente y un idealista. Ella se le ofreció como era, ven como eres, parece que huele a chicle de fresa, parece que no has comprado condones, maldita sea. Ella se quedó a la espera. La amiga conspiradora ya estaba haciendo de las suyas. Siempre hay un libro por donde empezar una conversación atrancada. Intercambio de textos, los presentes se saludan, sobre la colcha llena de agujeros, quemazones de cigarros ajenos. Llegó, y ella quería ya. Todo transcurrió tan deprisa, como un suspiro y una puerta que se cierra. Cuando el cazador salió del baño, ya estaba vestida, pulcramente, como una virgen llena de ofrendas azules. En la calle, en la parada de bus, ella se mostró lánguida e indiferente, pero debajo, detrás de los ojos, de los pechos ya dormidos, latía la furia de la edad, los besos que no se sacian...

A la mañana siguiente..., oh, no, calla, es mejor que ahora sólo lata el silencio, delante del teatro que nunca pisaréis juntos, ahí donde se acumula el porvenir como el polvo en el lomo de los libros, la pereza de una gata sobre el terciopelo de los días. Calla, insensata, despierta, fauno, todo ha terminado, aquel tiempo fue el de las fábulas, después de la lectura de Lolita, el libro que nunca tendrías que haber abierto, la noche en que nunca tendría que haber aparecido, ¿quién?, la frívola, la dueña de todas las historias, la que no lee más que sobre el tibio regazo de un amante, y silba, y nada, rien que les heures...