El elemento paranoico
Así que empecé a leer The crying of Lot 49 de Thomas Pynchon (Vintage, 1996), una novela corta del mejor escritor del mundo. Y digo esto sin ningún tipo de dudas. La pena, o tal vez la gloria secreta, es que sea tan poco prolífico, que se oculte, que no sepamos nada de él. Vamos a decirlo claro: Pynchon fue el precursor de este medio, Internet. Yo creo que si Internet tiene un sentido, es para llegar a ese mundo de tramas surreales que tan bien se presenta en esta novela tan divertida. Así que me leí de nuevo el comentario que Harold Bloom escribió en Cómo leer y por qué de esta novela, que él sitúa en la senda de revelaciones que ya surcan Mientras agonizo de Faulkner y Miss Lonelyhearts de West. Con su gusto por las filosofías de sabiduría extraña, con la proclamación de su naturaleza gnóstica, Bloom se convierte aquí en un extraño abanderado del posmodernismo mejor entendido. Es muy difícil decir de qué va esta novela, aunque podríamos resumirlo diciendo que Edipa Maas, su protagonista (inolvidable) va en busca de algo, quiere encontrar el sentido de lo que le ocurre, que su camino se llena de pistas y de detalles que vienen en tromba, como esta lluvia de otoño, pero que son tantos los estímulos y las señales, que es difícil saber por cuál empezar. Hay referencias bíblicas, como la de Pentecostés, se nos habla de una "empresa" alternativa de Correos, llamada El Tristero, pero no sabemos bien adónde conduce todo esto; es más, no sabemos si es Edipa la que persigue algo, o si ella es la víctima de una asociación paranoica de alto alcance. Hay por ahí hasta una banda (¿de rock?) que se llama Paranoids; en un bar llamado The Scope suena música de Stockhausen (recordad: son los años sesenta); está Yoyodine Inc, uno de los gigantes de la industria aeronáutica; está The Peter Pinguid Society; y casi todo el capítulo tres está dedicado a la obra The Courier's Tragedy de Richard Wharfinger, del siglo XVII, que Edipa y Metzger pueden ver representada por un grupo de San Narciso. Y esto no es más que el principio de esta trama, o conjunto de tramas, que no da respiro al lector, y más en versión original. Es, en el fondo, una sátira de la sociedad californiana, que explotaba en drogas, sexo y rock & roll. Pero tratándose de Pynchon, hay mucho más. En fin, quien se adentre en esta historia, disfrutará como un enano, si es que los enanos disfrutan de verdad...
En un artículo de Rodrigo Fresán en Radar de Página 12, Hacer Historia, se nos pone al día en cuanto a la compleja personalidad literaria de nuestro hombre. Máximo esplendor didáctico en esta novela, nos dice, la más breve pero también la más amplia en intenciones; una obra sin sentido, salvo señalar la conducta inevitable del mundo civilizado: "un lugar cada vez más cercano a una temperatura uniforme de ideas, creencias, actos." Sus novelas, dice luego, están construidas con la misma estructura de la Red: "diversos sites o nudos argumentales por los que el lector se pasea saltando de uno a otro como quien asocia ideas nunca del todo libremente". Y se recomienda una obra de un tal Jules Siegel (Lineland: Mortality and Mercy on the Internet's Pynchon-L@Waste.Org), periodista que cuenta su sorpresa al descubrirse como nota al pie de la Gran Summa Pynchoniana y ordena una crónica electrónica de sites que giran alrededor de esa auténtica leyenda urbana: a veces la alaba, otras se ríe de ella. Incrementa los rumores. (Por cierto, el libro lo escribió despechado al descubrir que su primera esposa tuvo un affaire con P. a finales de los sesenta... más o menos cuando se publica esta novela.)
"Tú te escondes, ellos buscan" (de El arcoiris de gravedad).
Y veo en M1N a Celia Blanco, que está presentando su libro Secretos de una pornostar, en realidad escrito junto a un periodista, y que hojeo en Luces el sábado por la tarde. Y se incluyen fotos a todo color que muestran sólo el glamour de algunas fiestas, gente conocida con ella, como Juanma Bajo Ulloa o Román Gubern, y algunos carteles, pero ninguna foto real de ella en algunas de sus películas, qué ridículo, como si ella fuera una petarda más de Salsa Rosa, y no una actriz porno de fuste. Y no he tenido la suerte de ver ninguna de sus películas. Y luego entra en el plató Julieta Serrano, actriz contra la decisión de su padre, que le dijo que no tenía carácter para el oficio, ella, que será recordada sobre todo por su actuación en algunas de las primeras cintas de Pedro Almodóvar.
Y el sábado por la tarde estoy en la cola para comprar la entrada de Macht Point de Woody Allen, pero al final me salgo y me voy, porque: a) está doblada; b) la dan en una sala pequeña que es como un palomar, y la sala 1 que es buena está ocupada con una obra teatral estúpida, y hay mucha gente, y todos van a la misma; c) cuesta 4.50 €, cuando en la primera sesión del Albéniz sólo me cuesta 3.50 €.
Así que me voy al Museo Municipal a ver una exposición maravillosa que se llama Rusia siglo XX, pintura del realismo socialista, algunas patéticas, otras naïves, otras que se salen de la norma hacia un sutil simbolismo, y ya en la planta de más arriba, la explosión de la Naturaleza, incluida una serie con las cuatro estaciones, una maravilla. Me lleno de paisajes invernales, otoñales, escenas en el campo, hasta una Plaza Roja invernal que es como estar en un sueño. Y cuando subo a la tercera planta, el contraste es tal que me decepciona, y encima un niño chillando, con sus padre muy modernos que no le dicen nada. Dresde y Leipzig, aunque estaban en el Este, dieron lugar a talleres de grabado y pintores muy distintos, que usan las técnicas más modernas (son pinturas ya de los últimos años), aunque hay algunas pinturas que me recuerdan el estilo de Neo Rauch, realista-surrealista. Salvo dos o tres, una de ellas una mujer de espaldas ante una serie de animales, el búfalo en primer plano, las demás se deslizan como la lluvia hacia la alcantarilla.
Al salir es cuando me llevo la estampa más asombrosa, esta vez en tiempo real, un cielo rosado, desde allí arriba, en una de las terrazas del nuevo edificio, es la hora del atardecer, y es el complemento ideal a lo que he visto adentro. También antes estuve en el CAC, viendo las dos exposiciones temporales, la de Jaume Plensa, con diversas esculturas que me hacen pensar en el hombre apalabrado, sí, y en cierta simbología judaica bien visible, algunas instalaciones son realmente buenas y sin embargo, no encuentro el momento de hacer las reflexiones, mientras me paseo lentamente por el bosque de los 23 colgantes... En otra sala está la de Vanessa Beecroft, VB53, doce fotografías (seis de tamaño grande y seis más pequeñas) fruto de la performance que llevó a cabo el 23 de junio de 2004 en el Tepidarium de Roster, en Florencia, con una veintena de mujeres, desnudas salvo por largas pelucas y zapatos altos con cintas, mujeres estáticas, que se pasean por entre los espectadores, como madonnas renacentistas, hasta no sentir el menor pudor, al contrario, son los espectadores los que pueden sentirlo, y se anuncia de paso a la entrada que no es apta para menores de 13 años. Pero esta naturaleza fría, luego un poco más caliente, con el contacto con la tierra, tampoco me dice mucho. La naturaleza artificial, con esos macetones pop que han colocado a la entrada y al costado, dando al río. Naturaleza que ya no es tal: palabras, adornos, todo para que no se vea lo que hay debajo. Por cierto, que salvo una, estas modelos no gustan de arreglarse el sexo, vaya, qué decepción.
Y mirando el Discoplay de este mes veo que tienen el libro EXXXPAÑA. Historia del cine porno español, de Manuel Valencia y Paco Gisbert, ahí seguro que sí vienen las fotos de rigor, seguro que el glamour también dará hueco a la alegría para la vista, y a lo mejor, sí, vemos algo de Celia Blanco en condiciones.
1 Comments:
Es asi realmente, todo se remite, (creo) a sensaciones, ver los cuadros, mirar una película, leer un libro,
leer más..,
creo que volviendo a lo profundamente terrenal, lo que cuentas muestra el ritmo de tu ciudad y tu propio ritmo.
Ahora sé que se trata del ritmo.
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